À la bonne franquette con Michelle

Historias de la gastronomía francesa. Recetas de cocina francesa.

Nîmes, Museo de la Romanidad, Pont du Gard, Uzès.

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Inaugurado desde el 2 de junio el Museo de la Romanidad de Nîmes, ha resultado la excusa ideal para conocer un poco más en detalle la región del sur de Francia,  aquí te dejo mi crónica de viaje.

Ya te hablé de Narbonne y Carcassone, pero también hice incursiones culturales con motivo de algunas recetas hablándote de Arles, por ejemplo, que si bien está situada a las puertas de la Camargue, pertenece administrativamente a la región de PACA (Provence-Alpes-Côte d’Azure).

Nîmes, Nemausus o fuente de la vida, una fuente sagrada, pues a sus aguas se le atribuían propiedades medicinales desde la Edad de Hierro. Los antiguos galos ya conocían el concepto Spa, incluso antes de la llegada de los romanos.

Un poquito de historia, para prepararte el viaje

Nîmes pertenece a Occitania ¿¡Sabías que esta región cubría casi media Francia!?

Nîmes se encuentra a las puertas de la Reserva Natural Zoológica y Botánica más impresionante de Europa, la famosa Camargue en el delta del rio Rhône, una región natural, donde manda la naturaleza y el hombre esta de prestado y desarrolla una actividad económica respetuosa y ecológica de cereales, arroz, espárragos, viñedos… Lo que la ha hecho famosa es la cría tradicional de caballos y toros, todos tenemos en la memoria alguna imagen de los gardians a galope entre aguas tras sus caballos o sus toros. Todos, vegetación y animales se han adaptado a la salinidad del lugar; aquí residen las particularidades organolépticas de todo lo que se cría en la Camarga. Te enamorarás de sus dunas, sus lagunas, las Salinas de Giraud y sus marismas con la albufera más grande que se conoce ocupando 6000ha del territorio, donde ve la luz una excelente variedad de arroz rojo, entre otras. Como anécdota te diré que gracias al cultivo de arroz en la zona, la salinidad del agua no sube demasiado, quedando atrapada bajo de las raíces de las plantas, eso también lo agradecen las aves como los flamencos rosas, símbolo de la Camarga.  También puedes llegar por mar hasta sus marinas de Port Camargue y Aigues-Mortes

Reserva Natural de Camargue, delta del Rodano

En el siglo VI A.J.C los celtas se instalan a los pies de un manantial de aguas nada anodinas por lo visto. Actualmente situada dentro del Jardín de la Fuente. Nace Nemausus, el Dios del Manantial.

Los romanos trazan la Via Domitia pasando por Nîmes, cuando estos conquistan Galia, esta ciudad toma mayor importancia, les gusta, se vive muy bien y construyen un acueducto. Un vestigio importante es el Château d’Eau, Torre o tanque de agua, a través del que se redistribuía mediante un sistema de canalización sofisticada el agua a diversos puntos de la cuidad. Este “castillo” es aún visible y ¡es el único aun en pie junto con el de Pompeya! Nuestros imperiales amigos, enamorados de esta Ciudad la convierten en Colonia de Derecho Romano, es a partir de ese momento que se la engalana con grandiosos edificios para el uso y disfrute de todos sus habitantes, tales como el Anfiteatro, diversos Templos, el Foro, la gente importante levanta grandes mansiones (lo que dará siglos después, aliciente, al hombre de la era moderna para alimentarse intelectual y espiritualmente, recreándose en el ejercicio de la arqueología). Nîmes llegó a tener el privilegio de acuñar su propia moneda. Esto me lleva naturalmente al emblema de la ciudad:

Rincones de Nîmes

El cocodrilo encadenado a una palmera. ¡Lo encuentras en  todas partes! y donde menos te lo esperes, ¡también! Este símbolo tiene tanta antigüedad  como la implantación de los romanos en Nîmes, los ciudadanos lo tenían muy asumido habían convivido con él durante siglos pero no fue hasta 1535, que el Rey François I, autorizó a la cuidad a utilizarlo como escudo de armas. Y me dirás: ¿A qué viene una imagen tan exótica? Pues tiene que ver con uno de los triunfos de la flota del Imperio Romano sobre uno de los suyos ¡Marco Antonio! Tan enamorado estaba que combatió a los suyos por amor a Cleopatra y perdió en la famosa batalla de Actium. El extenso Impero Romano seguía en pie. Para celebrar el triunfo de Egipto en el año 31 A.J.C., César mandó acuñar unas monedas con el famoso símbolo. ¿Y dónde se acuñaron, recuerdas? ¡Pues en Nemausus! En una cara figuran el emperador y su hijo Agripa, futuro Cesar Augusto y en la cruz de la moneda este cocodrilo atado a una palmera portando una corona de laurel y la inscripción Col Nem, Colonia de Nemausus. Si visitas el ayuntamiento, levanta la cabeza cuando te encuentres en la gran escalinata… ¡verás colgados cuatro cocodrilos disecados!

Canal y Jardin de la Fontaine

La ciudad siguió prosperando y florece desde la Edad Media, primero gracias a la tierra a través de la vid, la aceituna y la ganadería. Más adelante gracias a las manufactura de telas y confección, exportando al mundo entero, incluidas las Indias Españolas. En el siglo XIX sus sedas gozaban de la más grande reputación. Incluso su tela para el velamen se hizo famosísima gracias a un tal Levi Strauss… Demim… “De Nîmes” ¡sip!

Un poco de historia, sobre los cinco im-pe-pi-na-bles, a saber: El anfiteatro, el Museo de la Romanidad, Maison Carrée, los Jardines de La Fontaine y le Pont du Gard.

Anfiteatro

Les Arènes de Nîmes. Construido en el siglo I D.J.C. es uno de los más grandes construidos por el Imperio Romano y entre los mejor conservados también, fue habitado en la edad media, sirviendo de ciudad amurallada. Este maravilloso edificio elíptico tiene dos niveles con los gusto estéticos de la época Flavia. Es el único en el mundo que aún conserva visible su ático, gracias a su buen estado, se descubrió que los romanos se protegían del sol con un sistema complejo de toldos llamado Velum. Pero no te quiero contar más, ¡tienes que vivirlo!

Anfiteatro

Maison Carrée

Situada en el eje central del antiguo foro romano, la Casa Cuadrada, si, ya, es rectangular, pero para los romanos no existía todavía ese término, lo llamaban “cuadrado alargado”. Este templo levantado a la gloria de los sobrinos del Emperador Augusto, Caïus y Lucius, “Príncipes de la Juventud” como reza en el frontón, a lo largo de los siglos tuvo multitud de usos prácticos tanto de carácter privado como público.

Les Jardins de la Fontaine

Jardín, al que se llega bordeando el Canal du Quai de la Fontaine  y tiene unos huéspedes rojos que se pasean en cardumen por sus cristalinas aguas, estos pececitos son dignos de ver. Este jardín empieza con una vocación à la française “corrigiendo” de manera simbólica la naturaleza para imponer simetría, culmen de la sofisticación de la época. Se organiza alrededor de lo que se considera la cuna de la ciudad: su manantial, La Fontaine. En estas 15 ha se codean elementos arquitecturales como balaustradas y estatuas, bancos y vasijas en mármol blanco de Lens, de estilo neoclásico típico del siglo XVIII, con el objetivo de ensalzar la belleza de los vestigios romanos que rodean la fuente y añaden un ambiente aún más bucólico, si cabe; sus grutas artificiales, añaden interés al paseo, y un romántico escenario para un beso robado. Los paseantes son cautivados y se ven envueltos en el embriagador aroma de sus flores. En la parte la parte alta del jardín, la colina o Mont Cavalier, surge Iniesta aunque incompleta, la silueta de la antigua e imponente Tour Magne o torre Magna, esta se ve rodeada por una exuberante flora típicamente mediterránea. También espacios añadidos en el siglo XX, como su pérgola y su juego de petanca tan típicos del “Art de Vivre” de la Garriga. En este enclave se encuentran vestigios romanos, como todo lo que rodea a la fuente ya venerada por ellos y el Templo de Diana… Por ella, se lio Nîmes la toga a la cabeza… Personalmente me cautivó observar como el agua surgía de las entrañas de la tierra, tal un rosario de burbujas en una copa de champagne.

Canal y Jardin de la Fontaine

Musée de la Romanité

No te vayas de Nîmes sin ver la joya de la corona. El proyecto surgió tras la restauración del Templo de Diana en el Jardin de la Fontaine. ¡Ya te dije que se lió una buena con ella! Se encontró en una de las salas del templo un enorme mosaico en excelente estado. Tan grande era el mosaico que no cabía en antiguo museo arqueológico y se pensó en construir uno nuevo solo para él. El nuevo proyecto fue encargado a la francesa Elisabeth de Pontzamparc. A primera vista, me chocó ver este edificio moderno en medio de una ciudad tan antigua, pero bien mirado, descubres un edificio envuelto en un inmenso lienzo blanco: como una toga romana, con sus movimientos plisados. A que ahora entiendes: “liarse la toga a la cabeza”, ya, ya sé que tengo un humor fácil. El recorrido de este museo resulta adictivo, te atrapa de manera instintiva, por cómo se reparten los espacios de manera contextual, sin darte cuenta, te ves inmerso en la vida cotidiana de los antiguos habitantes de la zona. Con vestigios de al menos seis siglos de antigüedad. El museo tiene dos espacios ajardinados, uno en la planta baja, con tres secciones que exponen de manera interesante la flora dominante en las tres épocas más importantes: la romana, la medieval y la actual. El jardín del ático es espectacular se recorre en espiral, para un paseo más pausado, contiene una sección con plantas que se pueden ver en la garriga poniendo el acento en su carácter mediterráneo  ¡Las vistas sobre toda la ciudad son impagables! Pero la experiencia multi-sensorial de este museo, no acaba aquí. Después de un viaje en el tiempo -aromas incluidos-, te recomiendo que te des un lujo, ¡porque tú lo vales! Reserva mesa en el restaurante del museo, La Table du 2, donde el Chef con dos estrellas Michelin Franck Putela, ofrece una cocina de autor llevada a la batuta por Pascal Schmitt. Cocina eminentemente mediterránea, al hilo de las estaciones, con vistas impagables al anfiteatro. Pero lo interesante es que cada año invitarán a un cocinero foráneo a poner su granito de arena en el menú y en este año de estreno ¿a quién han invitado? Al español Kiko Moya, ¡toma ya! Chef de L’Escaleta con 2 estrellas Michelin. No sé cómo pintártelo, te lo puedo decir más alto, pero no más claro: ¡Ves, ve, sube y disfruta! Perdona el vulgarismo (ves) pero me pareció oportuno. Por cierto La Table  está en Carcassonne

Musée de la Romanité

Un pequeño inciso para otro museo: Le Carré d’Art Jean Bousquet, es el museo de arte contemporáneo de la ciudad, ideado por Norman Foster en 1993, recientemente ha sido modernizado, adaptándose a las nuevas necesidades como pueden la creación de un restaurante en el ático. Si te fijas bien, ya no se concibe ningún edificio de arte u ocio que no contemple un espacio de restauración. Se come bien, una cocina de tipo bistrot con las especialidades de Nîmes y con maravillosas vistas a la Maison Carrée.

 Pont du gard

A medio camino del pintoresco pueblo de Uzès, se encuentra el famoso puente romano que recoge las aguas del rio Eure a lo largo de 50 km, cuya sección más famosa es el Pont du Gard, el más alto acueducto jamás construido: 49m (el de Segovia solo tiene 28m). Aprovisionando la ciudad y sus campos agrícolas. Es patrimonio mundial de la humanidad y se encuentra en un enclave natural también clasificado, bajos sus arcos corre el rio Gardon. El paisaje es absolutamente embriagador, si te gusta el senderismo, este es tu sitio. Alberga una flora y fauna salvaje dignas de observar, con sus castores, sus aves como el martín pescador o el águila perdicera, las grutas cavadas por los riachuelos subterráneos tienen sus huéspedes alados también, los murciélagos. La gran planicie de la zona que rodea el puente es propicia a los paseos y los pique-nique en la orilla, pero también te puedes bañar o practicar canoa. Te recomiendo una visita guiada, que es el único modo de acceder a la parte más alta y exigua del puente. Si no, te puedes pasear libremente por el nivel inferior, esta “balconada” fue añadida por Napoleón III, todo el acceso al puente escaleras incluidas, se hizo pensando en las señoras, para que no se pisaran el vestido. Estamos en plena época del romanticismo, movimiento del que surgen las famosas novelas costumbristas y todos quería conocer mundo y las señoras, las primeras, aunque sus trajes no se habían aun adaptado a sus inquietudes intelectuales. Si te fijas bien, cuando pasees por el lecho del rio, alza la vista y verás diferencias en las piedras a la base del acueducto. Unas tienen dos mil años y las otras, unos ciento cincuenta.

Acueducto Pont du Gard

A la entrada del Sitio se encuentra un edificio donde podrás adquirir las entradas, pero también tienes un museo y espacios lúdicos para niños, así tus hijos podrán afianzar sus conocimientos de francés. Hablando de pique-nique, si prefieres ir a mesa puesta, te recomiendo  Les Terrasses: cocina mediterránea en la orilla derecha  y una cafetería, con sándwiches, platos combinados y cosas fáciles para los niños, en la orilla izquierda. En abril, no te pierdas el festival “Garrigue en Fête”, celebrando la primavera con una fiesta campestre para todos públicos con talleres, degustaciones y conciertos a la luz de las velas mientras te tomas un pastis.

Interior Acueducto. Un escorpión vino a refugiarse, prediciendo la lluvia que cayó esa misma noche.

¡A pasear!

Primero tienes que llegar a Nîmes, eso es fácil, tienes el avión, la carretera y el tren de Alta Velocidad que te deja “en la puerta” con el formato de colaboración entre RENFE-SNCF, también puedes llegar por mar, y atracar en una de sus marinas. Lo que te llama la atención nada más llegar, a parte de la inmensa belleza de la ciudad, es lo bien conservada que está en su conjunto, con edificios que siguen en pie ¡más de 2000 años después! Los guías te explican que la razón es sencilla: han seguido siendo habitados y de utilidad para las sucesivas poblaciones. Está claro que a parte de las guerras (obviously), el desuso y el abandono son los enemigos mortales de las edificaciones del hombre.

Rincones de Nîmes

La ciudad vieja no es muy grande, se recorre con facilidad, además, es bastante plana, lo que se agradece cuando haces turismo. Se respira el estilo de vida a la mediterránea que nos es tan querido en España, toda la ciudad está organizada para el disfrute y ocio de sus habitantes, este ambiente  lo encontramos en todos los rincones de Nîmes, sus plazas ocupadas por terrazas agradables y elegantes donde tomar las especialidades culinarias y el vino  de la región. Cuando te sientas y pides vino, no hace falta especificar, “du rosé, bien sûr!?”, sus bares son tan animados, existe uno que acoge la peña taurina de la ciudad, “Le 421”, ¡súper divertido! No pude reírme más, está justo en frente una tienda de trajes de luces y demás atrezos taurinos ¡Encontré una tienda que vendía Jamón Ibérico!

En Nîmes se sienten confortables con las cultura taurina española, por supuesto tiene sus detractores y no de ahora sino desde la primera Corrida en 1853. Las Corridas a la española tienen su mucho público ¡aquí veneran a Manolete! Lo que les encanta y sienten como suyo de verdad son las Courses Camarguaises, no se sabe exactamente cuándo pero ya en el siglo XVIII se tiene constancia escrita del gusto ancestral por “correr” y perseguir los toros, ya estuvieran enteros o castrados, cuando se los llevaban de camino al matadero. En la actualidad es un espectáculo muy apreciado y que te recomiendo, porque difiere de la corrida española en un punto crucial: no se mata al toro, en este caso es un animal castrado pero ligero de peso y vivaracho. Es emocionante y digno de ver a esos valientes y atléticos raseteurs y tourneurs saltando por encima del toro o cocardier, para quitarle el attribut que lleva premio. Te recomiendo visitar el Museo taurino: Musée des Cultures Taurines, que abre de mayo a octubre.

Féria de Pentecôte

Los comercios, te atienden con la mayor amabilidad, los turistas son bien recibidos, puedes encontrar artesanía local; ¡cómprate una Gardianes!, son las botas de los Gardians o vaqueros de la Camargue. Cabe destacar que Nîmes y alrededores tienen una gran tradición cerámica. También te recomiendo que entres en alguna, pâtisserie-boulangerie, en una épicerie fine y te lleves algo rico como un vino de Costières de Nîmes,  la especialidad dulce “Croquants Villaret” o unos Calardons, de almendras y miel. También tienes un excelente AOVE, con AOC Y AOP de Nîmes elaborado con la aceituna autóctona la “Picholine”, llévate unas tapenades o una anchoïade y por supuesto, ¡deja sitio en tu maleta para un buen tarro de brandade de morue nîmoise!

Pero no te perdonaré que no entres en el mercado de la ciudad: Les Halles de Nîmes. Tienes que probar el queso de la zona elaborado con leche cruda de cabra, el Pélardon, pégale un bocado al pâté nîmois. Por supuesto, no salgas del mercado sin probar la famosa brandade de morue nîmoise, ve derecho al puesto número 75, hace esquina y es el más pequeñito, se llama “La Picholine” ¡cómo no! Donde Raymonde Bonfils, te ofrece un puesto repleto de variantes alrededor de las aceitunas, alcaparras y aceites, por supuesto. Su brandada es deliciosa. Como ves toda la gastronomía de esta ciudad es acunada por el sabor, los aromas y el acento mediterráneos. También tienen varios días de mercado “descubierto”: nosotros hacemos la diferencia entre les Halles, que está a cubierto y abre todos los días y el mercado al descubierto (mercadillo), que se instala en las plazas principales y calles aledañas, solo tres días a la semana.

Les Halles de Nîmes

Les Jeudis de Nîmes. No te pierdas Los Jueves de Julio y agosto, son días de mercado muy inusuales. Las calles y plazas de la ciudad se llenan de puestos de artesanía y almoneda, puedes comprarle a los productores locales, conciertos, los niños tienen sus actividades y en cualquier rincón te puedes encontrar con un grupo musical de jazz, blues, flamenco y ¡gente bailando! Después de una pantagruélica visita al mercado, acércate a tomar un vaso de las digestivas aguas del manantial de Perrier que se encuentra a pocos kilómetros, en Vergèze.

¡Fiesta!

Este marcado carácter latino, llama a la diversión y de fiestas y ferias saben mucho en Nîmes. En cuanto asoma el buen tiempo (más pronto que tarde, con sus 300 días de sol al año) surgen eventos como los Juegos romanos, La Féria de pentecostés y la vendimia, festivales musicales, teatro, festival de flamenco ¡sip! Incluso competiciones internacionales de tiro al arco y encuentros de Comics.

Circo Romano y Féria des Vendanges. Algunas fotos Facebook Nîmes Tourisme

Las arenas acogen gran cantidad de estos eventos, pero fuera de sus murallas también. Me detengo en La Feria, si le ponemos acento francés “[la feriá]”, ya sabes. En 1952 arranca la primera feria a más puro estilo andaluz en que la euforia y la Joie de vivre se apoderan de la ciudad. En los locales que rodean el anfiteatro, te encuentras con conciertos algunos improvisados otros no. Las peñas musicales recorren las calles, el cartel de Corridas y Courses Camarguaises, la suelta de toros, cuelgan el cartel de “Completo”. Los bares sacan su barra a la calle y se llaman “Bodegas”. ¡Incluso se arrancan con sevillanas! Así que apura tu técnica que a lo mejor aquí en Nîmes, te sacan los colores… Esta Feria sucede dos veces al año, ¡Eah! La primera en junio, por Pentecostés y dura 6 días, con desfile de apertura y misa en la catedral que escucharás para la ocasión en provenzal, ¡si, si! Y la segunda feria es a finales de septiembre para las vendimias y solos son tres días. ¡Así que ya sabes, coge la maleta  y prepárate para la diversión!

Course Camaguaise, sin sacrifico en la Arena

Desde luego que durante el resto del año -como te comentaba dos párrafos más arriba- tienen un sinfín de actividades y ferias varias, de teatro, musicales, de comics, de cine, de fotografía y Les Grands Jeux Romains, en abril. Hasta un festival de ¡flamenco y olé! … y la playa y sus marinas están muy pero que muy cerca.

Comer y Dormir

La ciudad de Nîmes, tiene una amplia oferta hotelera adaptada a todos los bolsillos, yo te hablaré de aquellos que he probado personalmente.

AppartCity Nîmes Arènes Hotel 4*, este antiguo edificio de Correos La Poste, reconvertido, es magnífico demasiado para llevar un nombre tan aséptico, pero en fin, es lo que hay. Dentro de este edificio imponente, pasamos unas noches muy confortables, con todas las comodidades, mi habitación era un apartamento de un dormitorio con cocina abierta… creo que era casi tan grande como mi piso. Además da a un parque de exuberante verdor con sus perfumadas trepadoras y árboles, sus estatuas y fuente que te cuentan la ciudad y justo enfrente tienes el anfiteatro. A este hotel no se le puede pedir más en comodidades e ubicación. El comedor de desayunos tiene para todos los gustos. El personal es verdaderamente atento, pero no se les ocurrió enseñarnos la belleza interior del hotel, que estaba oculta tras puertas cortafuegos… Ahora que veo el vídeo, me quedo boquiabierta.

AppartCity Nîmes Arènes Hotel. Mi habitación no era la del video, está claro ¡LOL!

Nada más llegar del aeropuerto de Marsella, agotados tras un recorrido en coche, pero muy ameno gracias a nuestro conductor, soltamos las maletas en el apartotel y nos dirigimos en línea recta a este pequeño restaurante a pocos pasos de las Arenas.

Restaurante Le Vintage. ¡La mejor bienvenida para este fantástico viaje de prensa! En una terraza muy recogida, disfrutamos de una cocina de inspiración mediterránea que cambia con las estaciones. Me enamoré, de su cocina tan sincera y generosa, alta en color y sabor, donde el producto es tratado con el máximo cariño, donde todo es casero, hasta los postres. Pide la chuleta de toro de camargue a la parrilla y la ensalada de tomates de “antaño” con mozzarella y chantilly de albahaca… ¡de muerte lenta! Los postres, todos deliciosos. Con el menú, si pides un café o un té, precisan “café ou thé gourmand?”. ¡Lo vas a flipar! Te traen una muestra de casi todos los postres de la carta. Cuidado, este local cierra los domingos y lunes enteros.

Restaurante Le Vintage

El vino de esta cena merece un episodio. Tomamos un vin gris de Laguedoc, se trata de un vino rosado muy pálido, y visto muy de cerca tiene un reflejo gris, de ahí surge su apelativo. Producido a partir de uvas negras de pulpa blanca, el mosto pasa una maceración muy corta en contacto con el hollejo. Su elaboración es más compleja de lo que parece.

Domaine Le Pivé de Vignobles JeanJean IGP Sable de Camargue. Este vino tiene las raíces plantadas en plena reserva natural, lo que implica cultivo ecológico. Ensamblaje de Garnacha gris, Garnacha negra, Merlot  y Cabernet Franc.  Es literalmente una explosión de notas frescas como las fresas o los cítricos exóticos y perfumados como el yuzu. En boca resulta equilibrado con un  final acidulado y refrescante.

¡Cuando vuelva a Nîmes, me pienso apalancar en Le Vintage con una caja de este vino gris!

Restaurante y salón de té Ciel de Nîmes situado en el ático del museo de arte moderno, con unas vistas en 180º desde las que disfrutas de la Maison Carrée, la Tour Magne y los tejados de las Arenas y de la ciudad… ¡Impagable! Tienen distintos formatos de menú muy asequibles y que no solo cambian con las estaciones, sino también con las grandes fiestas como La Feria y los Juegos Romanos, donde se ofrece el menú oficial de los Juegos, con platos según el libro del “cocinero local” a saber De Re Coquinaria. La carta de esos días de fiesta acaba con una frase épica: “Panem et Circenses, Plavdite, Cives”: ¡Pan y circo, aplaudid, ciudadanos!

Restaurante Ciel de Nîmes

Restaurante Le Lisita, este lugar le estaba predestinado, de hecho el edificio entero tiene sus  raíces profundamente ancladas al servicio de la restauración, primero, como posta, fonda, hotel, restaurante, etc. desde mediados del siglo XVI. Los socios son el chef y el sumiller, quienes en el pasado habían coincidido en grandes restaurantes como el Gavroche de Londres (primer estrellado Michelin en Reino Unido) y en Bernard Loiseau. Tenían muchas ganas de hacer algo junto, et voilà! La cocina, llevada por Olivier Drouet es eminentemente mediterránea, pero refinada con producto de proximidad y del mejor origen, la carta de vinos es fiel reflejo del savoir-faire de Stéphane Debail (Mejor Sumiller de Francia 1992). La brandada con lascas de trufa de verano, el bacalao fresco estaba mantecoso y con su piel crujiente, en toda sencillez pero sabroso y complejo, el postre unas fresas gariguette maceradas en melisa con mascarpone y sablé breton, top! Como había elegido postre en vez de café gourmand, se me quedo tal carita de pena al ver pasar los cannelés, que se apiadaron de mí y me trajeron un par… Esa noche hubo que pasear para bajar los efectos de mi golosinería.

Restaurante Le Lisita

Restaurante Les Terrasses, este es el restaurante Terrasses, no la cafetería,  cocina francesa y del mediterráneo. Sus vistas a pie de acueducto son impagables y donde tu sobremesa, sin pretensiones, te verás acunado por los grillos y el murmullo de las hojas al viento. Con un pastis en la mano, te imaginas inmerso en un episodio de “La Gloire de Mon Père” de Marcel Pagnol, filosofando sobre el porqué de la existencia, y concluyendo que Dios equilibró este pedacito de paraíso en la tierra con el Mistral, a ver, ¡había que compensar tanta buena vida!

Restaurante Les Terrasses en Pont du Gard

Tras visitar Nîmes y Pont du Gard, te encuentras a medio camino de Uzès, un pueblo con muchísimo encanto. Uzès, su nombre derivaría de un topónimo celta que haría referencia a la altura en la que se encuentra. Un conjunto amurallado que ha permanecido intacto a través de los siglos. Cabiendo destacar su catedral, su castillo y la Torre de los Obispos.  En su día fue la Cuidad de los Primeros Obispos en el siglo V D.J.C. con derecho a acuñar moneda et impartir justicia -testimonio de sus muchos privilegios y gran poder de la época-. Primer Gran Ducado de Francia, así lo quiso el Rey Carlos IX, en 1229 cuando Languedoc se unió a Francia, el Rey quiso de esa manera asegurarse la lealtad del hasta ese momento, Conde de Crussol. Su castillo de inmaculado aspecto sigue perteneciendo a los descendientes de la misma estirpe desde hace mil años (¡!!!!!!). En Uzès  al igual que en Nîmes, la persecución de los protestantes, prohibidos de ejercer tareas en la vida pública, se vieron abocados a ejercer oficios comerciales, y para bien de la región ¡por supuesto! Esto hizo crecer también esta pequeña ciudad. En el siglo XIX nace la fábrica de regaliz, Zan (vuestras Juanolas), la marca fue comprada en los 80 por Bombons Haribo… siii! ¡Pues que sepas, que entre Nîmes y Uzès se encuentra el museo Haribo! ¡Madre mía, como entres con los niños, van a desaparecer como sucede en “Charlie y la fábrica de chocolate”! La ciudad de Uzès, aun siendo muy pequeña tiene una enorme cantidad de hotelitos con encanto (incluso un Relais et Châteaux), claro testimonio de su éxito turístico. De hecho como sucede en toda la zona, pinchas en el suelo con el pico… ¡y te salen vestigios romanos! Así pues preparando los cimientos para la Escuela de oficios antiguos (relacionados con la restauración de edificios, etc.), se encuentran un sitio arqueológico -¡uno más!-, esta vez entre todas las maravillas, se encontró un mosaico inmenso y en bastante buen estado.  Se lo han llevado a Nîmes, al centro de restauración. En toda lógica se quedaría en el Musée de la Romanité, pero quizás con un poco de suerte vuelve a Uzès, eso esperan sus habitantes. Crucemos los dedos por ellos, así tendremos otra escusa más para pasear por esta bella ciudad.

Ville d’Uzès y Castillo del Ducado de Uzès

Pasear por sus calles es respirar el oxígeno de hace siglos, los días de mercado se desarrollan en la Place aux Herbes y sus calles aledañas. Yo estuve el sábado que es un día muy animado con puestos de alimentación típica de la zona. Encontré un puesto de encurtidos que haría palidecer a los españoles,  fruterías con tantas variedades de patatas y tomates que ya quisiera yo en Madrid. Encontré un puesto de fougasse típica de Uzès, que se hace con una masa hojaldrada y Grattons de pato o de cerdo (son unas pequeñas lascas -finas- de tocino o carne magra fritas en sus propia grasa, hasta convertirse en unos bocado crujientes y ligeros que funden en la boca, un “primo hermano” del torrezno, pero con una labor que puede durar 12 horas), quise comprar media pero no era posible, ¡me comí una entera! También me encontré con un artesano del nougat, los había aromatizados de mil sabores, al caramelo de mantequilla salda, a la vainilla, al praliné, a la lavanda… y qué suaves y tiernos… mmm ¡Nada que ver los industriales casi tan duros como un turrón de alicante LOL! lo digo porque el nougat tiene que tener la consistencia del malvavisco. No porque no me guste el turrón de Alicante, eh? Compré también una ensaladera de cerámica, preciosa con un diseño en espiral muy típico de toda la zona del Languedoc y objetos en madera de olivo, más baratos que en Madrid, pero te recomiendo que acudas al puesto que está entre Boulevard, Charles Gide et boulevard Gambeta, no estoy segura pero sé que era en esa calle principal porque el puesto de madera de olivo en la misma Place des Herbes era un poco caro. Casi me compro un sobrero igualito que el que lucio Farah Diba en Roland Garros de 1998, me arrepiento de no haberlo hecho.

Marché du Samedi, mercadillo del sábado en Uzès

Comer y Domir en Uzès

Le Patio de la Violette 3*, Chemin de Trinquelaigue, 30700 Uzès. Para todo el grupo de prensa fue como llegar a un oasis tras la travesía el desierto. En este caso habíamos estado en el Pont du Gard por la mañana y en Uzès y sus empinadas calles toda la tarde. Encontrarnos con un hotelito con encanto y una piscina, ¡fue poco menos que providencial! Y yo no me había traído bañador, fui la única… ¿seré boba?… Pero el hombre inventó… la ducha.

Restaurante Les Terroirs, este es para mí, otro lugar que recordaré siempre. Situado en la Place aux Herbes, nada hace intuir que esa misma mañana no cabía ni un alfiler en el bullicioso mercado descubierto. Nada. La plaza se luce silenciosa en todo su esplendor medieval y los viejos árboles que la presiden, se iluminan de mil lucecitas como luciérnagas en el cielo. Cenamos en la terraza, muy bien, cocina mediterránea. Al caer la noche vi serpentear por la fachada del edificio de piedra que tenía frente a mí, a unos geckos o Tarente de Provence, probablemente buscando alimento alrededor de la luz de unas farolas. Nos dijo nuestra guía que estos animales son todo un símbolo de la región y además, una especie protegida. La cena transcurrió lánguida y amena, como en una escena de la Dolce Vita. Pide “las tapas”, son platos en formato raciones, a cual más delicioso,  el tartare, el carpaccio de buey de Camarga, foie gras mi-cuit  de pain d’épice (dulce y especiado) y aderezado con piñones tostados y una tosta de magret de pato ahumado (slurp! Babeando), pide también la “Planche Cévenole”, con salchichón rosette, queso pélardon, terrine y melón -el queso de cabra y el salchichón son productos típicos de las montañas de Cévennes-. “La Garrigue” son corazones de alcachofa, tapenade y queso de cabra envuelto en panceta ahumada ¡y por supuesto termina con un café o té gourmand! Abierto todos los días de 12 a 23 horas ¿y sabes que lo mejor? Que Les terroirs es también una tienda Épicerie Fine, donde puedes encontrar preparaciones, vinos, aceites…  especialidades de la región, hechas con cariño y savoir-faire.

Restaurante Terroirs y Place des Herbes de noche

Restaurante Caractère, 13 Boulevard Victor Hugo. Tienen unos horarios complicadillos pero abren todas las noches y solo por su terraza interior muy cuca y fresca, merece la pena.

Si te gusta el vino y vienes en coche, haz un hueco en el maletero, puedes ampliar tu radio de visita del Pont du Gard y llegar hasta Avignon y Orange para acercarte a Côtes du Rhône, Côtes du Rhône Villages, Côtes du Rhône Gardoises, también te puedes bajar hasta  Bouches du Rhône y hacerle una visita a Domaine Le Pivé

En conclusión, más de dos mil años de apasionante historia. En la actualidad Occitanía es una región cuya esencia mediterránea se vive con alegría en multitud de actos que son un baño de hedonismo, se nota en su gente y su manera de vivir la vida, en su gastronomía… En esa manera de respetar el pasado y vivir el presente, encarando el futuro con energía. Solo puedo añadir que soy una enamorada de mí país, cuanto más lo conozco más me enamoro y más nostalgia siento. Esta región, que conserva un patrimonio arquitectónico, entornos naturales y su estilo de vida, convierte al turista en un viajero del tiempo, catapultado a un viaje temporal que embelesa a todo aquel que se deja entrampar en su red y con sumo gusto, añadiría. Solo, en pareja o con los niños, no hay excusas.

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